Por qué la protección de los niños contra la violencia debe ser una prioridad en la agenda global de desarrollo sostenible

24/04/2014

La protección de los niños y niñas contra todas las formas de violencia es una preocupación que la comunidad internacional no puede ignorar en la agenda global de desarrollo después de 2015.

De hecho, la protección contra la violencia es indispensable para un futuro sostenible en el cual las niñas y los niños puedan desarrollarse plenamente, gozando de buena salud, educación y alimentación, abiertos a otras culturas y protegidos de abuso y negligencia. Un futuro en el cual la equidad y el progreso social sean una realidad para todos los miembros de la familia humana. 

A pesar de los importantes avances logrados en los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), tenemos que reconocer que los países afectados por la violencia se están quedando rezagados. Tienen un riesgo más alto de pobreza y desnutrición, niveles más altos de mortalidad infantil, peor estado de salud y tasas más altas de niños sin escolarizar.

Sin embargo, la comunidad internacional puede revertir este patrón incluyendo la protección de niños y niñas contra la violencia como una clara prioridad en la agenda global de desarrollo después de 2015.

La violencia sigue siendo una dura realidad para millones de niños alrededor del mundo.  Corrosiva, generalizada, oculta y tolerada socialmente, la violencia no conoce fronteras geográficas, culturales, sociales o económicas y persiste también en los lugares donde los niños deberían sentirse más seguros – en instituciones de cuidado y de justicia, en la escuela y también dentro de sus casas.

Ser testigo de violencia, sentir abandono y trauma, conocer la intimidación, la humillación y la agresión física, y ser objeto de abuso y explotación son algunas de las frecuentes situaciones en las que el triste ciclo de la violencia atrapa a niñas y niños.

El impacto de la violencia es a menudo irreversible, especialmente en la primera infancia, cuando los niños tienen menos capacidad para buscar apoyo y una mayor probabilidad de sufrir daño emocional y de salud de por vida, lo que compromete el desarrollo del cerebro y puede causar dificultad para relacionarse, inseguridad y más tarde en la vida, riesgo de comportamiento agresivo y de autolesiones.

La violencia va de la mano con la pobreza, con un alto riesgo de mala salud, bajo rendimiento escolar, dependencia de asistencia social a largo plazo, así como con una profunda sensación de temor.

Más allá de su impacto sobre las víctimas, la violencia pone en peligro el progreso social y el desarrollo sostenible. Está frecuentemente asociada con un deficiente estado de derecho, de con una débil aplicación de la ley, con elevadas tasas de homicidio y alta incidencia de crimen organizado, así como con una cultura de impunidad. Por otra parte, la violencia trae consigo costos de largo alcance para la sociedad, el desvío de miles de millones de dólares de gasto social, el entorpecimiento del desarrollo económico y la erosión del capital humano y social de las naciones. En pocas palabras: la violencia puede destruir rápidamente los logros sociales y económicos que han llevado años y décadas construir.

Sin protección contra la violencia, no es posible lograr un pleno desarrollo social y económico sostenible de las naciones. Una lección importante del proceso de los ODM fue que la ausencia de un objetivo, de metas e indicadores claros para la eliminación de la violencia, ha dificultado la movilización de acción y apoyo en este ámbito, así como el monitoreo de los avances en la protección de los niños contra la violencia. La ausencia de un objetivo relativo a la violencia también ha restado eficacia a los esfuerzos realizados para la consecución de otros objetivos de desarrollo.

Esta ausencia se puede subsanar de manera efectiva con la inclusión de la protección de los niños contra la violencia como una clara prioridad en la agenda de desarrollo sostenible después de 2015.

En realidad, la violencia contra los niños no es un tema nuevo en la agenda del desarrollo. Es una dimensión esencial del derecho a vivir sin miedo, proclamado en la Declaración Universal de Derechos Humanos y enfatizado en la Declaración del Milenio y en su proceso de seguimiento.

La Declaración del Milenio reafirmó el derecho del niño a crecer con dignidad y libre del temor a la violencia y expresó la determinación de no escatimar esfuerzos en la lucha contra la violencia.

Una década más tarde, la Cumbre del Milenio expresó el compromiso de fortalecer los sistemas de protección de la infancia,las leyes, las políticas nacionales y los programas, de aumentar la rendición de cuentas, así como de prevenir y combatir todas las formas de violencia contra las niñas.

De las consultas previas a la preparación de la agenda de desarrollo sostenible después de 2015, emerge un creciente consenso sobre la necesidad de alcanzar los logros pendientes de los ODM y garantizar que la protección de los niños y niñas contra la violencia se incorpore explícitamente en la agenda global del desarrollo.

Como se subraya en el informe de la ONU "El Futuro que Queremos para Todos”, la prevención y reducción de todas las formas de violencia y de abuso – y  la protección contra sus múltiples manifestaciones deberían formar parte integrante de la agenda del desarrollo después de 2015.

El Grupo de Alto Nivel de Personas Eminentes sobre la Agenda de Desarrollo después de 2015 hizo eco de esta preocupación, reconociendo que los ODM obviaron los efectos devastadores de la violencia en el desarrollo y no se centraron lo suficiente en llegar a los más pobres y excluidos. Como subrayó el Grupo de Alto Nivel, "la libertad de vivir sin temor y sin violencia es el derecho humano más fundamental, y un fundamento  esencial para construir sociedades pacíficas y prósperas."

En las numerosas consultas nacionales celebradas en todo el mundo para orientar la agenda global de desarrollo después de 2015, una preocupación específica en la que se ha hecho énfasis es la protección de los niños contra la violencia. El informe "Un Millón de Voces: El Mundo que Queremos" pone de relieve la seguridad personal y la vida en paz como los problemas más urgentes a los que se enfrentan las personas en todo el mundo. La desigualdad y la falta de políticas para la infancia y la juventud son identificadas como auténticos generadores de violencia; y la eliminación de todas las formas de violencia contra los niños como punto de referencia fundamental en la agenda del desarrollo.

El trascendental proceso intergubernamental actualmente en curso también reafirma esta preocupación. Reitera el firme compromiso de prevenir y combatir la violencia en las escuelas y en los espacios públicos; de poner fin a la violencia contra las niñas y la violencia asociada al matrimonio precoz y forzado; de reducir la delincuencia, la violencia y la explotación de los niños; de eliminar las políticas, prácticas y leyes discriminatorias así como de asegurar una cultura de la no violencia. El proceso intergubernamental también exige instituciones y sistemas de justicia eficaces, responsables y transparentes, que son esenciales para salvaguardar los derechos del niño a una vida sin violencia y para luchar contra la impunidad.

Claramente, existe un amplio consenso sobre la necesidad de garantizar la inserción de la protección de la niñez contra la violencia como prioridad de la agenda del desarrollo sostenible después de 2015.

La cuestión fundamental es, por lo tanto, cómo garantizar una movilización amplia y cómo crear y utilizar oportunidades para obtener un verdadero progreso estos próximos años. Tres pasos cruciales son esenciales:

  • En primer lugar, la protección de los niños contra la violencia, incluidos los niños y niñas más vulnerables y marginados, debe convertirse a la vez en una prioridad explícita y ser reconocida como ·        una preocupación transversal en las áreas pertinentes de la agenda de desarrollo global. Este proceso debe ser apoyado por sistemas de protección infantil inclusivos, sostenibles, debidamente subvencionados y respaldados por una adecuada inversión financiera que asegure el acceso universal de los niños a servicios sociales básicos y ayude a las familias a cuidar y proteger a sus hijos.
  • En segundo lugar, la comunidad internacional tiene que medir lo que valora. Es fundamental promover la identificación de objetivos, metas e indicadores concretos para movilizar y evaluar el progreso en esta importante agenda, sobre la base de la sólida experiencia de las Naciones Unidas, del mundo académico y de las naciones en todas las regiones.

  • En tercer lugar, es imprescindible tener en cuenta las opiniones expresadas por aquellos directamente afectados por la violencia. - ¡los propios niños y los jóvenes! Su voz no deja ninguna duda sobre la prioridad que ellos asignan a la protección contra la violencia. Y es fundamental darles a niños y jóvenes una verdadera oportunidad de influir en el diseño de la futura agenda - no de forma ocasional, sino como verdaderos agentes de cambio.

La protección de niños y niñas contra todas las formas de violencia, en todas partes y en todo momento debe, pues, figurar en el centro de la agenda global de desarrollo. Tengo la certeza de que seguiremos uniendo esfuerzos en los próximos meses para asegurarnos de que así sea. Además de una obligación ética y un imperativo de derechos humanos, se trata de una cuestión fundamental para la promoción de una buena gobernanza y de una mejor economía. 

 

Marta Santos Pais

Representante Especial del Secretario General sobre la violencia contra los niños